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José Noda: "Tenemos que tener en cuenta cuándo estoy ayudando y cuándo haciendo otra cosa"

Las charlas de los entrenadores son siempre importantes

 

José Daniel Noda (psicólogo Deportivo)

 

Presión y motivación, dos palabras que muchas veces se mexclan, que tienen diferentes significados y diferentes consecuencias. Si no se sabe manejar la situación, y más con la base, los resultados no serán los que buscamos. Nuestro psicólogo deportivo, José Daniel Noda, nos ayuda a diferenciarlos y a saber trabajar con ellos.

 

Cuando se dan una serie de condiciones, el deporte puede tener muchos beneficios tanto en deporte base, como más tarde en el deporte de rendimiento. ¿Cuáles serían algunos de esos beneficios?

 

En general todos estamos de acuerdo en que el deporte tiene una repercusión muy positiva tanto a nivel de salud física como mental. Y así es, en cuanto a los aspectos físicos, ayuda a mejorar la forma (control del peso), previene enfermedades (obesidad, problemas cardiovasculares, diabetes tipo 2, etc.), incrementa la densidad ósea y la musculatura de manera sana, previene conductas de riesgo (consumo de tabaco, alcohol, etc.), e incluso mejora la coordinación en actividades de la vida diaria.

 

Y respecto a los beneficios psicológicos hablaríamos de  una mejora considerable en los niveles de concentración y atención, mejora los indicadores de depresión, reduce la ansiedad, favorece el desarrollo de las funciones cognitivas, mejora el rendimiento académico (las personas que practican deporte de manera regular obtienen mejores resultados en cuanto al rendimiento académico frente a las que no practican), fomenta el respeto y la importancia de la disciplina (normas y reglas, puntualidad, etc.),enseña a  ser competitivo pero de forma positiva (humildad), y favorece la socialización y creación de nuevas amistades

 

Esto en teoría sería lo ideal, lo que a todo el mundo le gustaría conseguir. Pero claro, en la práctica, algunas veces todos estos beneficios  no se producen o son bastante menos de los que tú dices, ¿cuándo pasa esto?

 

Cuando en lugar de darse estos efectos positivos se producen lesiones, complicaciones respiratorias, se puede deteriorar la confianza y la autoestima (por falta de oportunidades para participar, por resolver de forma inadecuada situaciones de fracaso, etc.), falta de autocontrol (ante la presencia de muchas situaciones estresantes en el entrenamiento y la competición), deterioro de la relación familiar (por la escasa o excesiva implicación de los padres en la actividad deportiva, discusiones entre padre-entrenador, etc.), déficit en habildiades sociales (cuando tienen modelos adultos agresivos en el manejo de conflictos, etc.), y actitudes agresivas, intolerantes y/o exageradamente competitivas.

 

Entonces, está claro que el hecho de practicar deporte en sí mismo no va a hacer que se den todos esos beneficios que comentábamos al principio, porque a veces no pasa así. ¿De qué depende entonces que le podamos sacar partido al hecho de hacer deporte?

 

Aquí va a ser muy importante el papel que desempeñen tanto los entrenadores, como los padres (en el caso de deporte de base) y el entorno deportivo del deportista (medios de comunicación, árbitros, afición, etc.).

 

Por eso es necesario que la psicología deportiva ayude de alguna manera en cada uno de estos tres apartados para que se consiga el mayor desarrollo personal y deportivo del deportista posible. 

 

Detenernos hoy en cada uno de los puntos de los que depende que el deporte sea bueno para los deportistas nos llevaría demasiado tiempo, pero para saber un poco más, ¿cómo podrían ayudar los padres por ejemplo para que el deportista consiga todos los beneficios de hacer deporte?

 

Lo primero que tendríamos que tener en cuenta a la hora de ayudar, es saber precisamente cuándo estoy ayudando y cuándo estoy haciendo otra cosa. Por ejemplo, cuando estoy motivando a mi hijo o a mi hija para que siga haciendo deporte, o por el contrario, cuando estoy presionando para que tenga tal vez menos ganas de hacer ese deporte. 

 

Hablamos de motivación cuando nos referimos a lo que mueve a un deportista para realizar el deporte que practica; lo que activa, dirige y mantiene su conducta hacia un objetivo. Y por otro lado, la presión, que se produce cuando hay un desequilibrio entre lo que el deportista percibe que son sus capacidades y lo que el ambiente le demanda. Esto pasa cuando se le exige más de lo que puede dar, llegando a generar inseguridad y posible frustración y/o abandono de la práctica deportiva. 

 

Es verdad que muchas veces aunque se intente motivar a los niños/as desde la grada no nos damos cuenta de que igual no estamos ayudando mucho o estamos metiéndole demasiada “caña”, ¿qué es lo que no deberíamos hacer?¿Cuándo estamos quizás presionando como padres?

 

Son varias las conductas que los padres/madres deberían evitar para no presionar a sus propios hijos/as:

 

- Exigirles. Es muy importante que la labor de dar indicaciones y pautas sobre cómo debe actuar en las competiciones o en los entrenamientos sea cosa del entrenador únicamente. 

 

- Criticar su actuación. Evitar (en la vuelta en coche a casa sobre todo puede ser muy típico) hacer valoraciones sobre su actuación, como si de un interrogatorio se tratara (diciéndole dónde ha fallado, qué debería haber hecho...). Así lo que puede ocurrir es que el niño/a se sienta nervioso incluso antes de competir, porque sabe que cuando termine le van a evaluar.

 

- Llevar un control excesivo de las marcas, de los partidos ganados, de los goles que lleva, etc. De este modo le damos un valor exagerado a la importancia de ganar, de marcar, y creamos una dinámica de frustración cuando no se consiguen los resultados. 

 

- Cronometrar las carreras, grabar en vídeo los partidos (para analizarlo después y no para tenerlo de recuerdo...). Si hacemos esto le estamos quitando autoridad al propio entrenador, ya que estas son tareas de las que el entrenador, por su trabajo, controla y realiza si cree que es adecuado o no. 

 

- Presionar y gritar. Generamos más estrés del que la competición por sí sola puede crear.

 

- Hablar mal de los compañeros, árbitros o compañeros. 

 

- Crear falsas expectativas. Motivo de frustración si no llega a conseguir lo que se espera de él o ella.

 

- Darle mucha importancia al resultado. Puede terminar asociando su autoestima  a situaciones de éxito o fracaso (si gano me darán valor, pero si pierdo, no seré importante). 

 

Y si estas son las cosas que no deberían hacer los padres/madres para no presionar, ¿Cómo podrían ayudarle y motivarles sin que sea “peligroso”?

 

Aunque es verdad que no deberían exigirles, porque es tarea del entrenador, si que podrían involucrarse de muchas maneras:

 

- Pidiéndole que sea puntual , que se esfuerze por conseguir lo que quiere, que se organice bien el tiempo para que pueda realizar todas las actividades, que recoga y cuide el material, que ayude y preste atención al entrenador , que respete a los demás compañeros y rivales, que intente divertirse, y facilitando que realicen el tipo de actividad deportiva que más les guste (y no pensar sólo en la que más nos gusta a nosotros).

 

- Transmitirle tranquilidad. Recalcando la importancia de disfrutar se reduce el estrés antes de la competición. 

 

- Recordarle que se centre en las indicaciones del entrenador. Que no haya nada más que pueda distraerle. 

 

- Animarle basándose siempre en el esfuerzo. No prestarle mucha importancia a los errores.

 

- Aunque tenga talento dejar que el niño decida qué quiere hacer. Que el niño/a no se vea obligado a realizar un deporte simplemente porque es muy bueno y podría llegar a la élite.

 

- Hacerles comprender que las derrotas pueden ser una oportunidad de mejorar y de revisar los fallos 

 

Y una última pregunta. En ocasiones los padres eligen como castigo por no estudiar o por no comportarse bien, que no vaya al entrenamiento o al partido. ¿Es bueno eso de que los padres castiguen al niño sin ir a entrenar, o que no vayan a entrenar porque tienen que estudiar para un examen?

 

En mi opinión, para nada. Queremos que el deporte sea una herramienta educativa, donde le enseñamos la importancia del compromiso, de la responsabilidad, de ser constante para conseguir una serie de objetivos... Y si le prohibimos ir a entrenar estamos contradiciendo todo eso que le queremos inculcar, estamos diciéndole que esa responsabilidad que tiene con el equipo no sirve para nada. 

 

Sin embargo, ante una situación de este tipo, sí que podemos ayudar al niño/a a que se organice mejor el tiempo y planifique mucho mejor su día a día, de tal manera que pueda conseguir tiempo para estudiar, entrenar y realizar otro tipo de actividades. 

 

 

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