Verónica Matoso abre el corazón tras el adiós al baloncesto
Verónica Matoso dice adiós al baloncesto, pero detrás de la jugadora hay una historia que va mucho más allá de las pistas.

Andrea Pérez / LanzaroteDeportiva.com
Hay decisiones que se toman durante meses, pero que siguen siendo difíciles de pronunciar. Verónica Matoso llevaba tiempo sabiendo que había llegado el momento de poner punto final a su carrera, pero reconocerlo en voz alta fue, según la propia jugadora, la parte más complicada. Después de más de dos décadas dedicadas al baloncesto, la lanzaroteña cierra una etapa que comenzó siendo una niña y que ha terminado de la manera que siempre había soñado: jugando en casa y defendiendo la camiseta del CB Ariagona.
Matoso salió de Lanzarote con 13 años para continuar creciendo como jugadora y desde entonces recorrió buena parte del baloncesto nacional. Campeona de España en categorías de formación, internacional con las selecciones españolas inferiores y jugadora en la máxima categoría, su trayectoria estuvo marcada por diferentes clubes, ascensos y experiencias lejos de casa.
Cuando recuerda a aquella niña que salió de Lanzarote, Verónica Matoso reconoce que apenas podía imaginar todo lo que le esperaba. En aquel momento simplemente era una niña a la que le encantaba el baloncesto y que había encontrado una oportunidad para seguir creciendo. El camino le permitió descubrir un mundo que hasta entonces desconocía y convertir aquella ilusión de niña en una carrera de más de dos décadas.
Sin embargo, siempre tuvo claro cómo quería terminar. Después de regresar a Lanzarote y volver a vestir la camiseta del Ariagona, pudo cerrar el círculo rodeada de su familia, antiguas compañeras y jugadoras a las que ella misma había acompañado durante su formación. «Siempre dije que mi sueño era acabar jugando en mi club de toda la vida», explica una Matoso que pudo despedirse de las pistas precisamente donde comenzó su historia.
Su última temporada dejó también grandes momentos deportivos, aunque la derrota ante el CB Gran Canaria en la fase final fue especialmente dolorosa. Verónica Matoso sabía que podía estar disputando sus últimos partidos y quería ayudar al club a llegar lo más lejos posible. «Me dolió en el alma no ayudar y no dejar al club donde se lo merece», reconoce.
Aquella derrota también puso de manifiesto la relación que Matoso ha mantenido durante todos estos años con el baloncesto. Salir de Lanzarote siendo una niña significó aprender a vivir lejos de su familia y afrontar sola derrotas, lesiones y momentos complicados. Una experiencia que terminó forjando su carácter y su manera de entender el deporte. «Siempre lo más duro es estar lejos de casa, de tu familia y de tus amigos», asegura.

A pesar de todo, hay algo que nunca cambió. Matoso siempre tuvo claro que dejaría el baloncesto cuando dejara de disfrutarlo. «El día que no lo disfrutara yo no iba a seguir jugando», explica. Esta vez, sin embargo, las circunstancias de la vida han llevado a una decisión que no llega por falta de pasión. De hecho, reconoce que todavía le cuesta asumir que ya no volverá a competir.
Entre los recuerdos que permanecerán para siempre también está el ascenso conseguido con Unicaja. Verónica Matoso decidió bajar de categoría para formar parte de aquel proyecto, una decisión que no todos entendieron en aquel momento, pero que terminó convirtiéndose en un paso decisivo en su carrera. En aquel partido, dos tiros libres pasaron por sus manos con el ascenso en juego. Los anotó y el equipo consiguió subir de categoría.
Ahora comienza una etapa diferente. Después de vivir desde los 13 años prácticamente por y para el baloncesto, Matoso quiere descubrir cómo es su vida sin entrenamientos, partidos, viajes y descansos. Seguirá vinculada al Ariagona y a diferentes proyectos relacionados con el baloncesto, además de mantenerse cerca de la cantera, pero por el momento quiere disfrutar de otras facetas de su vida. «También quiero ver cómo es la Verónica sin el baloncesto», explica.
Y cuando toca mirar atrás, la lanzaroteña tiene claro que lo más importante de su carrera no está únicamente en los resultados. Para Verónica Matoso, «el vínculo que tú creas en cada sitio en el que vas» es una de las cosas más importantes que le ha dado el baloncesto. Por eso, cuando piensa en cómo quiere ser recordada, tampoco habla de puntos, rebotes o campeonatos, sino de ser «una buena compañera y una buena persona».
Los títulos y los ascensos forman parte de una trayectoria que ya queda para el recuerdo, pero hay una parte de su carrera que no aparece en ninguna estadística. La niña que dejó Lanzarote con 13 años, los años de sacrificio lejos de casa y cada una de las personas que encontró durante el camino también forman parte de Verónica Matoso.
El baloncesto le permitió cumplir sus sueños, pero ahora, al dejar la pista, es ella quien deja algo a los demás: el ejemplo de una deportista que nunca dejó de trabajar por lo que quería y que hizo del compañerismo, el esfuerzo y las personas una parte fundamental de su carrera.













