Crónicas de un reto casi imposible, por el nadador Christian Dammann
Instantes antes de la salida desde "la playa del pueblo"

Instantes antes de la salida desde «la playa del pueblo»
LanzaroteDeportiva.com
El pasado sábado, el nadador afincado en el sur de Lanzarote, Christian Dammann, se propuso hacer un hito histórico, comenzar a nadar en Playa Blanca, llegar a Corralejo y regresar, sin descansar a Lanzarote. A diferencia del reto conseguido hacía 8 años por Arthur Goddart por con una diferencia, esta vez lo haría sin neopreno.

Christian Dammann, una vez logrado el objetivo tras más de 12 horas en el agua, concretamente 12:09’17’’ y haber descansado, ha realizado una crónica del reto conseguido, donde se habla de la previa, de los sentimientos y de lo que supuso hacer historia, una vez más, en la natación insular. Tras el reto….toca La Bocaina

“Después de un periodo largo comprometido con el buceo me alegro de haber hecho un año deportivo como no lo disfrutaba y disputaba desde hace tiempo.
Entre recuperar mi salud integral y volver a sentir fuerza comenzaba a nadar después del decimoctavo cruce de la Bocayna el año pasado. Nadaba principalmente en mar ya que me quería entrenar a mi mismo y demostrarme porque soy monitor de natación de la Federación Canaria. Si no lo logras contigo mismo, ¿con quién?. Lo único que quería añadir al submarinismo es que admiro a todos los monitores de buceo deportivo. No he logrado ser uno ya que debido a la exposición de gas y haciendo inmersiones a diario y quizás incluso a profundidad poder entrenar en condijones se vuelve algo milagroso.
Poco a poco llegaba a aumentar volúmenes y velocidades que subieron poco a poco. En febrero llegaron los organizadores de un evento ultra el Arch to Arch (Edgar and Lynn Ette). Un Triatlón ultra que conecta Londres con París. Ellos son viejos conocidos que hace años que viven en Lanzarote y de hecho fue Edgar Ette el pionero en cruzar la Bocaina por primera vez.
Una familia que vive las actividades ultra con el alma y que llevan nadadores principalmente de Inglaterra y Francia a Lanzarote para organizar un campo de natación y así preparar interesados en nadar el canal de la Mancha o para el mencionado Triatlón ultra.
Pregunté si podría participar en uno de los entrenos que sí no recuerdo mal eran 3 horas. Al acabarlo me preguntó Ed si volvería estar mañana y contesté que sí. Así sucesivamente se acercó el día de las 10 horas, entré a las 3 de la mañana para seguir con ellos a las 7 y poder ir a trabajar las 14 horas.
Llevaba un hinchable con comida pero al ser algo nuevo de un inepto con los nudos marinos en aquel entonces y el mar movido, se soltó con toda la comida y con cosas de valor que les nombro. Todavía duele recordarlo.
Total, tuve que salir. Sin comida no haces nada. Tres días más tarde libraba. Fue el último día de ellos aquí, para poder certificarlo. Logre nadar 30km en 10horas en aguas de 16 grados.
Desde aquel día mis objetivos se modificaron. Con la adrenalina inyectada desde la última Bocaina después de la cual quedé convencido de formar parte del primer grupo, ahora el objetivo cambió. Quería ir y volver sin traje.
Arthur Goddart lo logró hace 8 años con traje en diez horas y me impresionaba, pero siempre me quedaba la espina clavada ya que Arthur es un nadador muy resistente pero no de los más rápidos.
Seguía un plan de volúmenes y me puse una fecha de salida, 15 de julio, 5 meses de entrenos. Me sentía heroico después de los 30. Con el agua fría tenía que tener cuidado de quemarme la boca. Una cosa era nadar paralelo a la orilla y otra muy distinta hacerlo en el mar.

Se acercaban las fechas y miraba con ilusión y detención al pronóstico de tiempo para el día X. 8 metros por segundo de velocidad de viento, me decía Bjarke mi compañero del kayak, ¡no más! Pues eran nueve.
Le llamaba y le decía que sí, que podemos que no habría problema. Podemos hacer lo uno y lo otro, la contestación era corta, concisa y clavó profundamente, lo podemos hacer también en octubre.
Cuando llevas mucho volumen entrenado para un día en especial y alguien que no nada distancia te dice, mejor hagamos en octubre es para sentarse y mantenerse tranquilo y pedir una manzanilla. La crisis tenía que llegar y llegó.
Te querías entrenar solo Christian, ¡tooooma solo!. Tres meses más para mantener el nivel. Aflojaba en los entrenos, no iba con regularidad y llegó el día en el que me comía tanto el tarro que le mandé un mensaje a Bjarke y le decía que finalmente no lo haría.
Después de un tiempo contestó que me vio nadar y que lo haría con un brazo si quería, siendo conservador. Comencé con la bici. Me distraía. En las travesías de la copa sabía que no llegaría pero nunca en el momento del pistoletazo. Apenas nadaba series y quería ir a por todo. Pero la copa me mantenía en el agua y competitivo con mi objetivo.
La travesía de Gran Tarajal debía darme ánimos pero a pesar de ser muy guapa, de 5km, no volvía con los ánimos muy allá. Pero bueno unos entrenos más y ya. 4 días antes, 10km suaves sin alimento ninguno, mientras no subo pulsaciones el cuerpo se conforma con lo que hay, de lo que todavía hay.
Con suerte podía coger días libres antes de ese día 13.10.2018. Descanso absoluto. Las cosas preparadas y me ponía en marcha. Me encontré con Bjarke a las tres en la gasolinera, bajamos a la playa del pueblo, sitio desde el cual suelo comenzar mis entrenos. Francisco y Enrique Martínez nadadores de la escuela de natación nos dan ánimos (se levantaron a esta hora para ir a vernos) y arrancamos. Esperando que desaparezcan luces, cambio de las nuevas gafas a las viejas y cuidando buen ritmo.

Jamás lo olvidaré. Era un amanecer único, con el que los ánimos iban a mayor llegando la intensidad de la luz aumentaba. El foco que Bjarke llevaba en la frente fueron sustituidos por los del sol. Intenté que no me interesara el tiempo ni el kilometraje.
Ya se dejaron avistar los tres generadores de viento. Lobos quedaba casi invisible. «¿Dónde está Lobos?, pregunto con algo de inquietud. Que mejor respuesta nórdica que «a la izquierda” me podía esperar. Viendo el itinerario a posteriori me doy cuenta que Bjarke intentaba desviar la ruta de los ferries. 2kilometros más para mí, estás bonito Bjarke, pensaba, pero la única autoridad de seguridad era él, entonces no digas nada Christian. No había asunto peor que imaginarme Guardia Civil que no nos permitiera seguir.
¡Muelle a la vista! ¡Ojo! ¡No te emociones!, te queda una hora. Me parecía ir casi paralelo a la costa pero igual, confiar en el capitán y seguir. El fondo apareció y no se mostraba cristalino como en otras ocasiones de la Bocaina, movido y con alga roja pero lo que interesaba era que quedaba poco, para el «descanso». La entrada al puerto como una actividad más, pero cediendo preferencia a todos por supuesto.
A las 9h45, 5horas 40 minutos después de haber zarpado en Playa Blanca llegamos a Corralejo. Muy buenas sensaciones, calma, sosiego, control. Disfrutábamos del momento y sabíamos tener el valor y la energía suficiente para continuar.

Los primeros siete kilómetros de la vuelta, clasificaba de entrada como claves del intento, ya que oleaje y viento en contra y sabiendo que al terminar las fuerzas poco a poco llegarían a su límite, quería nadar con potencia y algo de velocidad esta parte.
En los avituallamientos perdimos tiempo pero era servicio a la carta y el objetivo era llegar. A partir del kilómetro 24 comenzaba la fase de dientes, apretarlos y mostrarlos era el lema. Cuando se pierde la concentración se busca responsabilidades en otros. Poco a poco la calma y el control ya no son de fácil compañía.
A partir de kilómetro 27, Bjarke me indicaba los kilómetros que me faltaban. A partir del vigésimo noveno pedía que sean cada 500m. Playa Blanca no se quería acercar o al menos esa era la impresión. Marína Rubicón al lado del Papagayo Arena, pues Christian, si los ves juntos, quiere decir que sigues lejos.
¡Nada, y no mires adelante! Un tiempo Bjarke para romper ola iba delante. ¿Qué pensaba, que me gustaría nadar estilo water-polo después de 30km? Con calma le pedía que se quedase a mi lado. Siempre hay motivos, pero a estas alturas ya reinaba tensión.
Finalmente llegábamos a la delimitación de la zona bañista, sabía que a partir de aquí había 150metros. Aparecieron Juanma Luque de «la Cubierta» con el que siempre hacía planchas en la playa de entreno y Lau Engholm que me ayudaba en la preparación. Acompañado llegamos a la playa, realmente no cabía dentro de mí.
Un abrazo fuerte a Bjarke, sin quien no habría habido intento! Niki y Óscar del Bocayna Village me vinieron a felicitar y había aplauso de los bañistas. Más rojo no me podía poner ya que la distancia me marcaba.

Para la próxima seremos más nadadores y con algunos nadadores más haremos fiesta. Pero el precio de querer hacer las cosas de forma casi autónoma es la soledad, tanto en entreno como en el evento. Si te olvidaste de ser solidario no busques que otros lo sean.
Juan el majorero, Brisa Marina, fue muy amable invitando a comer y a conversar. Muy agradecidos por la acogida en la que me hija me vino a abrazar. Días atrás me había quedado un poco pensativo después de una conversación con la madre que terminó con la frase que solté, “no hay nada seguro en la vida, así que lo hago, lo hago, lo hago” y lo hicimos.
Gracias a la amistad que nos tenemos hubo apoyo que merece un gran agradecimiento. Veo la copa de aguas abiertas, veo la travesía del museo atlántico, veo una ultra benéfica realizada a la que me encantaría contribuir como a todas las demás.
Quizás necesitaba una patada para desarrollar fuerza por otro lado. ¡Posible! Sé que funciono mejor a cuenta cero que en abundancia. De todas formas apuesto por más motivación intrínseca (menos llanto sería la traducción) que extrínseca, no puede faltar que sea blanca y no negra. Lo de los colores comento con quien pueda compartir una cerveza el sábado después de la Bocaina o cuando nos reunamos.













