LanzaroteDeportiva hizo al Regata de San Ginés en el interior del Muyay

Vivir una regata de San Ginés desde el interior ha sido una experiencia

Vivir una regata de San Ginés desde el interior ha sido una experiencia

 LanzaroteDeportiva.com / Domingo Travieso

 

Cuando se me ocurrió plantearme hacer la Regata de San Ginés y hacer un artículo de cómo es desde dentro jamás pensé que tendría tantas facilidades para embarcarme. Así que lo primero que toca es agradecer al Real Club Náutico de Arrecife, en especial a Alfredo de Quintana y a Julio Romero la posibilidad de hacer este reportaje. También a Nano Negrín, que nos buscó un hueco en su Muyay, sabedor que iba a molestar más que a ayudar…pero pese a eso, aceptó. Y gracias también a los 8 integrantes más del barco, por la paciencia y el “buen rollo” dentro del barco.

 

La regata salía a las 16:30, pero ya desde las 9 de la mañana estábamos haciendo cosas para colaborar, esas cosas que no se ven nunca desde tierra. Revisar velas, poner pegatinas, guardarlas en sus bolsas, engrasar anclajes y poleas, mirar cabos….vamos, tener todo bien preparado para que no hubiera sorpresas. Mientras, algunos de la tripulación se encargaban de hacer la compra y preparar los bocadillos para la travesía.

 

Me habían advertido que me mojaría mucho en la regata, así que pillé toda la ropa de abrigo que tenía y me prestaron y que tardaríamos unas 20 horas en hacer la prueba…así que también me pillé una ración extra de eso que nunca tengo, paciencia.

 

Arrancamos, salimos bien, una salida limpia. Pensaba que sería más ajetreada, pero se veía que Nano Negrín lo tenía todo bien claro y así, a la primera nos pusimos rumbo a Lanzarote y a sentarnos en la banda de babor….. pasaban las horas y hasta el momento poco agua nos caía encima. Tuvimos suerte, una travesía tranquila y las previsiones eran que de madrugada todavía estuviera más tranquila.

 

A la caña del barco se iban sucediendo los cambios, mientras el patrón daba las pautas de tripulación. Nosotros, junto con varios nautas más, seguíamos en babor… habían pasado las horas. El calorcito se iba difuminando al paso del Muyay y la ropa de abrigo se iba haciendo necesaria antes de que cayera la noche. No sé si opté por el peor momento pero me atrevía a bajar para vestirme con la ropa de agua y ponerme calzado, que ya los dedos de los pies habían pasado a ser dátiles…pero empecé a dar bandazos en el camarote. Vestirme fue una aventura….nunca había tardado tanto en hacerlo, pero por fin lo conseguí y subí, poniéndome las playeras arriba, porque si hubiera permanecido un poco más abajo hubiera tenido algún problema de mareo. Pero al llegar arriba….¿los caramelos que compré para pasar la noche?, se me quedaron abajo… pues abajo se quedan.

 

Yo pensaba que podría ser el primero en tener problemas de mareo por las circunstancias en el camarote y porque todos los que estaban en el barco tenían más millas que yo, pero no… no sólo no fui el primero, sino que no caí. 

 

Pasaban las horas y charlábamos de cosas banales mientras llegaba la noche. El Muyay encendía las luces, antes ya lo habían hecho los rivales. Otra “táctica” de viejo lobo de mar de Nano….después en tierra supe que había salido bien porque los que nos vigilaban desde lejos, nos habían perdido el rastro algunos minutos. Las risas de las horas anteriores se tornaban en silencios, y en algún ronquido, todo eso en la banda de babor en donde nos habíamos empadronado ya. Nos turnábamos en la primera posición de babor, para que las olas que pudieran llegar por proba no fueran a parar siempre al mismo y nos “apretujábamos” para pasar el fresquito nocturno.

 

Fueron momentos para la tranquilidad, para pensar en esas cosas que uno siempre deja pendientes para cuando está tranquilo y nunca llega ese momento. Pensar en el pasado, en el presente, en el futuro, recordar a los que ya no están y que hubieran deseado estar ahí, para pensar que escribir ahora, para pensar en los que has dejado en Lanzarote y ¡¡¡¡para pensar en el colchón, la manta y el cafecito calentito!!!!.

 

Parecía que podíamos descansar tranquilos pero el patrón del Muyay optó por una táctica arriesgada, pasar pegados a la costa de Fuerteventura y entrar en línea recta por el estrecho de La Bocaina. Los faros de “El Tostón” y “Pechiguera” marcaban la puerta por donde debíamos entrar, pero lo arriesgado de pasar cerca de “El Tostón” nos hacía estar alerta. No había referencias de tierra por la oscuridad que prevalecía, la poca profundidad de la zona era un inconveniente más y el choque de el agua con las piedras tampoco ayudaba a estar tranquilo. Nano fue claro con Cristian, “si oyes algún ruido en el barco a estribor, tira el barco para el otro lado sin avisar”. Los ojos como platos.

 

Visto que nadie trajo el dominó y que parecía que el riesgo quedaba atrás, no tocaba otra que armarse de paciencia y esperar que Ra enviara de nuevo su sol para arriba y nos regalara una de las mejores vistas de una amanecida que puede vivir una persona. Una amanecida impoluta, silenciosa y cerca de Papagayo.

 

Entrábamos en el punto de control. Lo hacíamos terceros, las referencias eran buenas y nos dejaba en la mente que después de compensar los tiempos estaríamos segundos…..nunca pensamos en haber sido primeros. Llegó el tiempo de charlar como llegó el día y como llegó la calma chicha. Cero nudos de intensidad en Papagayo…¡¡¡que ganas de darse un bañito!!!!, pero había que estar en el barco y pensar en salir de la calma donde habíamos caído nosotros y los otros 6 barcos más. Era como una segunda salida, todos nos encontramos allí incluso aquellos que habíamos perdido en referencia visual.

 

Comenzamos a movernos. El debate estaba servido… ¿por tierra o por fuera?. Veíamos como tanto unos como otros se iban quedando y optamos por ir por en medio…. También nos fuimos quedando, pero supimos encontrar viento en donde prácticamente no había nada. Veíamos perplejos como el Esmar se había colado por tierra y como el Sorondongo peleaba en la puerta de meta por entrar, se incrementaban las opciones de hacer algo interesante……y entramos.

 

“Creo que somos segundos”, nos decía  Nano Negrín mientras nos felicitaba a todos por el trabajo realizado, añadiendo, “ahora, como hayamos quedado primeros hemos dado el campanazo”. No llegaban noticias, así que empezamos a recoger y esperar los bocadillos. De pronto el twitter del RCNA dio una pinta de esperanza con un texto que decía “Regata San Ginés: Muya virtual vencedor de la LXIV Edición de la Regata Internacional de San Ginés #nauticarcna”. No nos lo creíamos, habíamos dado el campanazo que del patrón que nuevamente nos felicitaba a todos, aunque esperaba que alguien se lo confirmara por teléfono, hasta que esa noticia llegó. Ya estábamos cerca de Puerto Calero, donde el barco iba a atracar. El trabajo “de después” se hace mejor sabiendo que eres campeón.

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Por la noche, entrega de trofeos donde subimos a buscar la copa con el resto de nautas del Muyay, con quien me sentí muy a gusto en las 17 horas de convivencia en el barco y algunas más fuera de él recibiendo también el título de Campeón de España. Un premio que me viene grande, pero que reconozco me hace muchísima ilusión.

 

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