Opinión: Carta (ficticia) de un delincuente del pasado
Lo confieso, desde mi infancia practiqué artes marciales

Lo confieso, desde mi infancia practiqué artes marciales
LanzaroteDeportiva.com
Hola. Han pasado ya unos años desde que pasó lo que voy a confesar, pero no podría vivir más con este peso en mi interior. A mi me criaron siempre en unos valores muy estrictos donde cumplir la ley y respetar al prójimo eran pilares fundamentales de la creencia familiar y una de las máximas por las que me regía. Hasta que llegó el día….
Hace ya muchos años todo cambió. La vida no era como la conocemos ahora, mediadios del siglo XXI. Todos los países presumían de estar preparados para evitar ataques de enemigos hasta que un enemigo invisible puso el mundo patas arriba. Créeme, cuando yo era pequeño íbamos por la calle sin mascarillas, acudíamos a un sitio donde estudíábamos con unas cosas que llamábamos libros, jugábamos en unos sitios que llamaban parque y practicaba una modalidad deportiva dentro de lo que llamábamos artes marciales. Pero ese enemigo invisible lo cambió todo.
Desde ese momento todos empezamos a llevar mascarillas, los colegios a los que íbamos a estudiar cerraron, los parques dejaron de recibir niños y practicar artes marciales y otros deportes de contacto pasó a ser delito.
Me pregunto a día de hoy que fue de aquel profesor que tuve. Recuerdo que cerró su gimnasio porque le prohibieron entrenar. Tenía compañeros que acudían a competiciones nacionales o internacionales y dejaron de hacerlo. La excusa que ponía el estado era creíble, evitar riesgos de contagios. Pero la solidez de la excusa se vino abajo en el momento en el que permitieron que se jugara al fútbol o al baloncesto, como si la celebración de los goles se hiciera de forma telepática (en aquél entonces usábamos una tecnología que llamábamos Whatsapp) o como si en los tiempos muertos los entrenadores le dejaran una nota a cada jugador en la silla para que la leyeran. Nos machacaron desde el estado porque éramos un peligro, o eso decían.
No era un peligro que se permitiean eventos de hasta mil personas en la calleo 300 en interiores, no era un peligro que los turistas empezaran a llenar los hoteles, ni que se compartiera mesa en los bares, no era peligroso que las iglesias pudieran estar al 75% de su capacidad -igual sería por el poder divino-, ni que las playas estuvieran llenas por el calor. Tampoco era peligroso viajar en aviones como en latas de sardinas, ni que la gente acudiera a ver el fútbol, aunque fuera en menos cantidad. Peligroso era que dos niños practicaran kárate, judo, lucha canaria o aikido….
Por eso, teníamos que dejar de hacerlo, porque éramos un peligro. Pero lo confieso, fui un delincuente. Seguí practicando artes marciales y viendo películas de Jackie Chan, antes de que las retiraran porque incitaban al delito, como quitaron Lo que el viento se llevó en pro de la inclusión o la igualdad.
Pero igual que los que mandaban nos abandonaron, nuestras federaciones insulares, regionales y nacionales hicieron lo mismo. No se preguntaron nunca que era de nosotros, de los practicantes, de los profesores, de los gimnasios…. Nos sentimos aislados, sin importar lo que pensábamos, sin importarles el deporte, las artes marciales o las necesidades que teníamos….y eso que éramos deporte olímpico. Pero a parte de olímpicos, éramos delincuentes. Raro, ¿verdad?
Ahora ya tengo una edad, y una gran colección de películas de Bruce Lee que rememoro de vez en cuando como cuando era pequeño y veía La Patrulla Canina para aprender valores, Dora la Exploradora para aprender idiomas o La Doctora Juguetes para aprender a gestionar las emociones.
Cómo hubiera cambiado todo si los que mandaban en aquel entonces y los que han venido después, hubieran pensado en todos los que practicaban deporte y no sólo en aquellos que defraudaban a las arcas públicas generan dinero










